La necesidad de explicarme para explicarte
Casi personal, casi biográfico, a veces imaginado.
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La mañana del sábado, cuando te dije que mejor no te fueras, que te quedaras, no era sólo por que me cuesta conciliar el sueño cuando no estás en la cama conmigo, vaya, hasta me cuesta llegar a la cama; tampoco por el miedo de que mis pies nunca se calienten, pues por alguna extraña razón desde que estoy contigo mis pies ya no se calientan, parece que necesitan a los tuyos para tomar temperatura. Mucho menos por el hecho de que ya mis brazos han tomado la forma de tu cuerpo, y por más almohadas que amontono, no puedo ni fingir que estás ahí.
Tampoco te lo dije para acallar el miedo que me viene cada vez que te vas a tu tierra. ¿No te lo he dicho? Siempre que te vas siento que quizás no regreses, que decidas quedarte allá. Te veo cómo la extrañas, cómo añoras, cómo deseas estar allá, sobre todo, cómo tu corazón no se quiere expatriar. Te entiendo a medias, ya ves, yo soy de pocos arraigos, será que yo fui apartado de mi tierra desde tan pequeño y desde tanto tiempo vivo en un lugar que sé no es mi origen, mas el lugar al que pertenezco.
Cuando te dije que mejor no te fueras tampoco era por que quería tenerte conmigo, verte y reverte. La seguridad que saber que faltan horas para que llegues. La paz cuando te recuestas, voy al baño y al salir ya te haz dormido. Algunas veces es frustrante, sin embargo cuando me acerco a la cama y te veo, te miro, me llena de paz. Siempre será maravilloso poder conciliar el sueño, don de las conciencias tranquilas.
La otra mañana del sábado, cuando te dije que mejor no te fueras, que te quedaras, fue por que vienen días difíciles para mí, llegan esas horas que me enfermo, tú no sabes cómo me pongo, tomar el celular y colgar, mandar mensaje y no recibir respuesta, empezar a imaginar, buscar salidas. El agobio de la vida entera, buscar escapar, otra salida. Tener miedo, querer correr. Los fantasmas que recorren las habitaciones que piso. Luchar contra mí mismo. Por que sé de mis debilidades.
Me siento muy solo esta noche, bendita costumbre de escribir cuando peor me siento. Hace rato no estaba mal, fueron sus palabras que me hirieron. Tan fácil es para él decir que "a veces no se siente apoyado", que "a veces se siente solo"...
Tan fácil es pedir que las cosas se resuelvan, que los problemas se solucionen, así, alzar la voz y pedir, tomar el teléfono y pedir. Y luego me dice que sí me da, como la loción de navidad. Lo que yo necesito es comprensión, apoyo es quizá un ser que como yo, no se espera a que le muestren el camino, que se aventure a encontrarlo.
Dice que cuando lo necesite estará, y sé que sí, lo ha estado. Sólo que sólo sabe interpretar a través de lo que ven sus ojos. La noche de anoche fue dura, difícil llegar a la cama, no quería que estuviera sola, sin embargo lo estuvo.
Me siento muy solo esta noche. Tengo miedo de mí. Ya sé cómo soy en las noches que me siento así, tengo miedo de perder el control, de perderme en esta noche...
Hay esos hombres que nos parecen grandes, siempre seguros, siempre ciertos, siempre emprendedores, tan sin miedo, tan plenos de valentía. Esos hombres que dan la cara ante las masas, que se paran frente a una audiencia para recibir aplausos. Cierto tipo de hombre que son visibles, que hablan en voz alta hasta de los íntimos pensamientos. Su voz se convierte en un eco que todos escuchan y resuena en la mente de la gente sus logros.
Hay otros hombres también, los que están detrás, como el bombero en el incendio, como el que sostiene la cuerda de un telón antes de bajar, como quien detiene una puerta para que una personalidad pase, como el camarógrafo en la guerra que atestigua pero es invisible. Hay esos hombres también, a veces se les dice héroes anónimos, otras se les dice seres invisibles. El hecho es que existen. Ven la gloria pasar, escuchan a lo lejos los aplausos.
¿Serán posibles los unos sin los otros? Quizá sí, muy probablemente no. Lo que sí creo es que siempre llega un día, "porque todos los días llegan alguna vez"... cuando el cansancio, el hastío, de sólo ver pasar, de mantenerse a la sombra agobia la misma existencia. Ayudar a construir castillos, poner los rieles del tren, prender los reflectores... un día resulta muy cansado, sin sentido.
Y encontrar el camino para pasar de la sombra a la luz... no resulta evidente.