La necesidad de explicarme para explicarte
Casi personal, casi biográfico, a veces imaginado.
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Lo esperaba ansiosamente, desesperadamente. Lo necesitaba algo más que unos minutos. Deseaba dejarme cubrir por sus brazos, arroparme con su cuerpo, y decirle cuánta falta me había hecho. Sentirlo sin resentirlo. Tenerlo sin reternerlo.
Al final lo resentí y lo retuve unos minutos más de los que él quería dar. ¿Qué si estoy enojado? ¿qué si son celos? ¡Bah! Nada de eso. Lo siento por no haber sabido decir lo que realmente estaba sucediendo en mí, para sólo decir el argumento superficial que suena a reclamo, que suena a drama, que da pie a que se quiera mejor ir a dormir y entonces sí, descansar.
Llegó de lejos para no estar cerca, para quedarse igual de lejos. Él parece no percibirlo igual. A veces pienso, él no necesita igual. ¿Es de igualdades? No. Es de prioridades, es de valoraciones. A veces pienso que las suyas son tan diferentes a las mías. Cuando tengo su cuerpo desnudo sé con todas las certezas que es el lugar correcto, que es un espacio para mí. Y lo quisiera tener y poseer cada noche, cada oportunidad.
Hasta ahora he sido todo moderno, todo madurez, todo comprensión, todo apoyo, todo apapacho. No he hecho reclamos ni dramas por los retardos, por las ausencias, por las elección de partir una noche cuando hubiera podido quedarse. Pero no siempre puedo ser ese novio moderno que tanto le gusta. Hay días que soy éste, sólo éste; quien añora su cuerpo, quien extraña ver la luz de la ventana en su rostro, quien espera la mañana en el más profundo sueño para abrir los ojos y sentir que el sueño sigue.
Soy éste, quien desde hace más de una semana no está con él. Quien apenas y ha podido hablar hasta de las cosas cotidianas. Soy éste que resiente cada noche cuando se va. Hay algunas que pienso "¡qué más da!" Y entonces sólo es una noche. Hay las otras que son noches sin él.
Y entiendo todo. Todo entiendo. Porqué sé que hay noches que no pueden ser, por que incluso, lo entiendo a él. Es cosa de preferir. Yo por ejemplo, prefiero que estemos juntos. (¿o prefiero que esté conmigo?)
Lo que pensé era un fantasma que se esfumaba, una sombre que se desaparecía, por unos días fue un eclipse que hasta la vista me nublaba. Y empezar a pensar esas cosas que ya sé yo no debo de pensar. Porque a él le encanta que todo lo entienda tan bien yo. No estaba discutiendo, sólo no estaba diciendo lo que quería decir, lo que sentía decir.
La parte difícil para mí ha sido controlar este deseo de tenerlo, porque cuando más lo demuestro más siento que lo forzo, más siento que dejo de ser ese novio moderno. Es que en el fondo, no soy tan moderno. Después de tantos días ya me siento ausente, distante. Es quizá un problema en la ecuación: "pensar en ti" + "pensar en ti"="estás conmigo".
Hay cosas que prefiero a la antigüita, porque eso de la ósmosis y la trascendencia espiritual, la unión de seres en la distancia a veces me vale madres. A la antigüa, estar juntos fisicamente, cuerpo a cuerpo. La disponibilidad de su piel para besarle, acariciarla o al menos rozarla.
Esta noche él, el de las sonrisas, tampoco está, como muchas otras, como tantas otras, como ninguna otra.
Los 4 meses pasaron sin recuerdo. No es malo. Así pasaron. Hoy no está. Y este es el motivo. Revisé mi propio blog, nomás porque de vez en cuando releo algo escrito. Noté entonces que había pasado casi un mes del último post. Fue que me pregunté porqué escribo cuando no está.
Primero es cuestión de tiempo. Segundo de motivación. Cuando no está con sus sonrisas alrededor, hay un ligero olor de nostalgia y añoranza en mi aire. Llega una hora cuando me aproximo a la cama que siento me hace falta, lo pienso, lo deseo, lo extraño.
Esta noche es particular, porque no sólo no está, sino que está a muchos kilómetros de aquí. Mañana regresa, eso ha dicho. No le creo mucho ya, es algo informal. Cuando se va de la ciudad nace en mí un temor a que no regrese en la fecha dicha. Prefiero no hacerme expectativas de un día o una hora, prefiero sentir que me sorprende, que la fuerza de mis llamados lo han traído de vuelta.
Es extraño. Sentirse enamorado es extraño. Esta necesidad que no existía. La angustía de no tener la certeza. También él es extraño a veces. O quizá no, resulta que es demasiado fácil, demasiado transparente. Y entonces soy yo el extraño, el raro. Nada de eso sabe nadie. Ni tampoco yo a ciencia cierta. Son estas noches cuando no está que tantas cosas me pongo a pensar.