La necesidad de explicarme para explicarte
Casi personal, casi biográfico, a veces imaginado.
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Espero que no haya mucho tráfico, espero que no le lleve tanto tiempo llegar esta noche. La noche después de su mirada, es mejor.
Y los días, después de sus miradas, son mejores. Es que encontrar alguien con quien compartir, con quien crear, con quien hacer sueños conjuntos... simplemente hace de la vida, algo mejor.
De un mes para acá, desde la llegada del de las miradas, han ocurrido tres o cuatro sucesos. No buenos. Que nunca habían sucedido. Cuando el primero no pensé realmente que tuviera una relación con algo más. Quizá por un momento me pareció que "algo" no aceptaba que estuvieramos juntos, pero no dí más importancia y me concentré en no quedarme estacionado en el miedo y la inseguridad.
Luego hoy, dos sucesos en cuestión de tres horas. Nada de gravedad, pero sucesos no buenos. Y esta vez, al verlo irse de la casa, quedarme en la reja mirando, el teléfono que sonó argumentando que había recibido una llamada de mi número, la mirada del tipo en bicicleta del otro día... no sé ya. Empiezo a sentir un poco de paranoia. Esta vez algo se mueve adentro y me dice que no son sucesos aislados. Como si tuviera un presentimiento que "algo" más está controlando.
Pienso que es por estar juntos, por haber coincidido, por encontrarnos un poco más cada día, por la constante presencia del uno con el otro. Como si esto bueno que sucede no pudiera ser. Esta vez, tengo miedo, porque tengo un presentimiento. No sé explicarlo bien, no quiero parecer tonto, es sólo que lo siento y no me gusta.
Estaba buscando una vela blanca para prender esta noche, no la encontré. Quiero sólo pedir que cese.
Los encuentros nunca cesan. Aunque hoy día podría hablar de mi larga temporada como "soltero oficial", a lo largo de estos años múltiples encuentros con olor a posibilidad han llegado. Unos más fortuitos que otros. Unos que con el paso de las semanas parecían seguirían in crecendo, pero sólo parecían. Otros, encuentros de unas horas, donde parecía nuevamente otro mundo era posible... pero la mañana siguiente en efecto ese otro mundo había sido posible, porque hay relaciones que sólo se salvan una noche.
Hoy, el de las miradas, me parece diferente. Pero ¿en qué? El tiempo transcurrido quizá no sea mi mejor argumento, pero las situaciones parecen serlo. Ahora no está, lleva ya 5 días ausente, aún en este periodo sigue acá. Debo decir que lo extraño, no de una forma que duela, lo extraño con la alegría que da la esperanza cuando sé que volverá. Luego están las pláticas que han sucedido, entre nosotros y con otros, lo veo entonces, lo observo, atento lo escucho, descubro cuan símil puede ser a mis ideas, o mejor dicho, cuan ad hoc es a mis ideas. Después está el cotidiano, trabajamos en lo mismo, él con más experiencia, ayudándome en este camino, a recorrerlo, a entenderlo. Entonces existe una ruta de éxito compartido, juntando fuerzas, juntando ideas, juntando energías, cada uno en su lugar. Parece entonces, existe la posibilidad de crear un camino compartido.
¿Qué no es lo que yo esperaba? En el aspecto superficial no lo es para nada. Sin necesidad de hurgar muy profundo descubro alguien con quien puedo compartir, y lo que más me importa en este momento, alguien con quien crear en conjunto, en equipo, en pareja. Esa experiencia me motiva más, me da más energía, el hecho de pensar que un camino común es posible.
¿En qué es diferente? Quizá sólo es, que hoy me siento mejor, más fuerte, más seguro... pase lo que pase, nada volverá a pasar sobre mí. Sabiendo eso, sólo será cuestión de coincidir en acuerdos y echar pa'lante. Porque cuando se logra tener al menos una seguridad en la vida, todo huele a posibilidad... ¡qué aroma!... cada día huele a posibilidad, no por el otro, sino porque ya estoy yo.
Lo mejor es que aún están las miradas, pero ahora se complementan con las palabras y las caricias.
No ha sido difícil volver a empezar, de repente ando dando coscorrones a esos diablillos que sólo me hablan de miedo, de tener cuidado, de irse tranquilo. Los callo, porque no hay necesidad. Si dejo la razón de lado sólo confío. No sé si es mi imaginación, pero algo profundo se mueve cuando estamos los dos.
No es ni el intelectual, ni el que escribe poemas, no lo he escuchado cantar, así que parece que tampoco es el que canta bonito. No es fachoso, ni pandroso, ni alternativo. No usa el pelo despeinado ni mucho menos tiene un estilo desenfadado.
No ha llevado una vida tranquila, tampoco la pasado bien. Entonces todo lo superficial deja de tener valor. Ha librado lucha tras lucha, y hoy finalmente llega aquí, a mí. El tiempo ha sido más que caprichoso, no nos separan más de 100mts. y es hasta ahora, a 300km, que nos encontramos. Me pregunto cuantas veces estuvimos a punto de encontrarnos. Y si pienso el los hubiera... entiendo que sólo hoy tiene sentido su existencia.
Es tan fácil compartir, dejarse ir, darse, estar y aprehender el momento.
Pura alegría y satisfacción. Se necesita tan poco para hacer de un par de horas un gran momento.
Aunque a veces sueño con perderme en grandes aventuras, en vivir desenfrenadamente las noches, recorrer decenas de cuerpos a contra reloj, en pasionales luchas para pedir una segunda oportunidad, en arrebatos de locura... hoy, sólo lo ví dormir, menos de dos horas, entre mis brazos, deseando que mi cuerpo absorbería su fiebre y entonces, se sintiera mejor. Sólo eso.
Luego llama y me dice que se siente mejor, entonces pienso: para qué sueño a veces con tantas otras cosas, si hoy tuve la oportunidad de estar ahí. Como esto quizás mañana lo olvide, quiero dejar un testimonio que me recuerde cuan valioso es realmente estar.