La necesidad de explicarme para explicarte
Casi personal, casi biográfico, a veces imaginado.
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- ¿Qué sientes?
- Me siento como agitado al interior. Como una ligera y constante taquicardia. Como si por momentos el aire se me fuera.
- ¿Qué más?
- Siento como miedo, como temor. Me agito de pensar que debo hacer cosas que no hago, la taquicardia creo es por la angustia de no empezar, y ahí me acerco a la cúspide de la desesperación y como que el aire se me va. Y regreso al punto inicial.
- ¿Porqué te sucede esto?
- No sé. Usted debería de decirmelo. Es que necesito que alguien me diga.
Como si los cuerpos y las personas ayudaran a olvidar. En un mes han llenado pequeños espacios muchos más de los que hubo el último año. Me he andado entregando sin pedir nada a cambio, bajo la única promesa de no decir nada, bajo la única promesa de no esperar que me pidan más que mi sexo. No sé si estoy bien, al momento me cae bien, me olvido, me siento deseado, empiezo a ver en mí los halagos que dicen sin cesar y antes no creía.
Hay momentos donde se pierde la línea, no se sabe entonces si ya se cruzó o aún se mantiene sana distancia. Bueno, sana distancia sé que ya no, pero no distingo si aún estoy de este lado de la línea. Me preocupa cruzarla pues tampoco quiero seguir un camino donde me convierta en el río que desemboca donde no hay mar. Indistinto, indiferente, y siempre río, una línea amorfa que delimita geografías y mapas y que está ahí, solo, sólo siendo medio de algún caudal.
Es que primero debería de sentir, pero no hay nada que motive al menos la intención de sentir. Luego viene el amor, no hay nada que lo provoque y pues no se trata de escribir historias con una pluma llena de semen y sobre papel manchado con sudor de unas horas.
El único sentimiento que distingo ahora es el miedo. Casi todo me lo provoca: enamorarme de aquel cuyas palabras a veces me halagan y otras me insultan; o bien del pequeño que de inexperto me conmueve y me aburre; o el otro que so pretexto de mover mis chacras y mis energías utilizó los sistemas menos ortodoxos; o quien lejos me cobijó de seguridad y protección y durante una semana creamos algo que emula una relación perfecta; o el otro que me desea desde la primera vez que me vio y apenas sé quien es. Bien sé que no hay porque escoger forzosamente, sin embargo, entiendo que cada uno llega ofreciendo algo, incluso nada, pero el hecho de tomarlos, al menos por algunas horas, es como tomar ese camino, y entonces es cuando siento miedo de andar tomando caminos equivocados.
No puedo ser ligero ni tomar nada como si fuera aire entre las manos, he de andar pensando y malpensando sobre cada cosa, buscando encontrar seguramente lo que no he perdido, lo que no está para mí.
Pero he olvidado; lo he dejado atrás; sí, a él; lo ví pasar junto a mí, no sé si no me vio o no quizo verme, fue demasiado cerca en medio de una multitud y luces en movimiento, algo extraño fue, pues entonces apenas lo reconocí, como si fuera otro... como si mis ojos fueran otros. No estaba solo, pero poco me detuvo eso. Creo haber entendido que antes algo pasaba entre la córnea y el cerebro, quizá el corazón, que cambiaba su imagen, que la elevaba, que me hacía ver el reflejo de lo mas bello de la naturaleza, que me llenaba los ojos de su perfección... pero nada de eso ví en el breve instante que lo ví pasar. Es para contarle a alguien de la gente que era grande y resultó pequeña. De las relaciones que parecía universos enteros de los cuales se vivía y resultaron el paso de un casi extraño a unos centímetros de mí, que no se detuvo, que no me detuvo, y pasó, como analogía del paso por mi vida.
Sí que gustaría poder sentir, sentir profundo. Es que me quedo en la ternura, en la comodidad de cuando me consienten, y no voy más adentro, para ser sincero, creo que no sé sentir. Pensé que eso de amar era algo como innato a los seres humanos, pero van pasando cosas y veo que nunca me permito sentir, me mantengo con la distancia suficiente para no sentir más allá.
Una vez un amigo me decía que cuando me veía llorar o sufrir por alguien, se le quitaban las ganas de enamorarse, porque él no quería pasar por eso. En ese momento le dije, que todo valía la pena, porque lo que se siente los primeros días, las llamadas, las primeras citas, las ganas de encontrarse, los primero encuentro con cuerpos desnudos... lo que se siente entonces vale cualquier dolor, porque es cuando se siente uno vivo.
Más falso no pude haber sido en ese momento, ¡qué sabía yo de sentir! ¡que sé yo hoy de sentir! Eso de amar es casi una utopia en mi vida. Es como un sueño lejano, de esos sueños que como me dijo una tía una vez "no todos los sueños serán"... y sí, no todo lo que uno sueña ha de ser realidad.
Pero amar, para mí, no quiero que sea una utopia lejana, ni un sueño irrealizable... quiero llegar a ese punto, al lugar donde se siente plenamente y se ama sin reparo ni precaución... quizá haya golpes o tropiezos, pero serán reales.
Sólo me voy una semana, sé que no es tanto, pero siento como si fuera para algo más. Esto de las expectativas no me gusta nada, regularmente sale todo al revés. Pero hay algo en este viaje, quizá lo que lo ha motivado, las razones que me llevaron. Poco a poco ha cambiado el plan, se han agregado cosas, y hasta personas que en mi vida he visto. Pero bueno, quiero disfrutar.
Sé que aún no comprendo que no debo recorrer 10,000 km para encontrar, porque hace falta mirar adentro, pero mirar bien y permitirme sentir.
-¿Sentir? ¿Pues que no es normal sentir?
- Sí, sé que suena difícil creer que alguien no siente... pero eso me ha pasado, nunca he sentido.
- Bueno, alguna vez habrás sentido... nadie puede vivir la vida sin sentir nada, como indiferente a la gente y a las vivencias.
- Exacto, con esas palabras describes mi vida. Claro he sentido, bueno, mas bien creo que pienso que he sentido, pero sin sentir realmente.
- ¿Piensas que sientes o sientes que piensas?
- Esa pregunta es algo tramposa ¿sabes? No es posible responderla. Sé que no entiendes, lo sé bien, y no espero que lo hagas, pero habemos personas que eso nos sucede, que estamos lejanas de sentir, y así vivimos, pretendemos que así vivimos, como si jugaramos a que es vida... es que sé bien que la vida deja de serlo cuando deja de sentirse.
Quiero recordar que el 9 de mayo de 2004 cayó en domingo. Fue un día lluvioso y frío, raro en la primavera. Llovió muy fuerte por la tarde, luego la lluvia paró, como pasa en esta ciudad, que sólo llueve por espacio de una hora. Faltaban 10 días para mi cumpleaños. Ojalá hubiera sido un domingo cualquiera, de esos en los que uno se levanta tarde, anda en pijama, no se baña, come cualquier cosa que reste en el refrigerador... pero yo sabía que ese domingo no sería así, sabía en buena medida qué es lo que iba a suceder, porque esperaba el desenlace de los últimos meses que habían pasado, un desenlace que no quería lo fuera, un día que no quería vivir, un domingo que deseaba, nunca hubiera llegado.
Pero llegó, porque como dice Carlota en Noticias del Imperio: todos los días llegan alguna vez, aunque no lo creas y aunque no lo quieras, y por más lejanos que parezcan.
Esa noche, la noche de ese domingo, metafóricamente sentí que la luna se despedazaba sobre mi desvelo, la ausencia de estrellas me martirizaba y la lluvia que volvió por la madrugada, sólo evocaba mis lágrimas.
Pasó ese domingo, pasaron los días y así, 365 días han llegado y se han ido. Todo para llegar al día de hoy, un día casi común, un día casi normal, y digo casi porque tengo esta extraña sensación de cuerpo cortado, algo que no es dolor pero lo traigo en la nuca, es el estómago que no sabe si es hambre o sólo un raro vacío.
Y espero ahora sí, ya que pasó la cantidad suficiente como para contabilizar un año, que los días sigan escribiendo otra historia, y el domingo del año pasado quede aún más lejano, hasta que no lo recuerde, hasta que no vuelva a mi mente. Y es que después de todo, no fue el día en sí, fue el tiempo, el momento, la sucesión de horas sin segundos que siguieron, la cantidad de minutos que formaban espirales en los relojes, les jours aprés le lendemain.
Y esta vez, el 9 de mayo fue un día lleno de sol, sin lluvia, como los días deben ser en primavera, cuando la vida renace.
Aún no encuentro a mi delfín. Una vez tuve uno, no en cautiverio, ni encerrado. Una vez que fui al mar, lo ví nadando en altamar, lo hice mío en ese momento, él sabía que era mío, que nos habiamos esperado largo tiempo, que estábamos destinados. Pero le perdí la vista. Me quedé ahí sentado, al filo de una roca, esperando volver a verle.
Desde el día que le perdí de vista, nada más olas han pasado frente a mí. La inmensidad y infinitud del océano. Sólo eso. Todo eso.
Le había regalado el aire y el oxígeno para que respirara. También le dí el sol, para que calentara el agua y viviera más a gusto. Y le dí corrientes de agua para jugara más en el agua. También le dí mi corazón, para que lo guardara, para que lo llevara por el mar, a conocer las profundidades del océano, los secretos de la eterna noche que se vive ahí. Pero ya no regresó; y no encuentro desde entonces a mi delfín. Y ahora ni mi corazón.
Lo único que puedo hacer es esperar, eventualmente intento nadar, pero nunca puedo alejarme mucho de la orilla, y nado tan profundo como el aguante de mi respiración permite. Y no lo veo, desde entonces no lo encuentro. Y aquí me quedé, abandonado y descorazonado. Esperando poder volver a verle, porque quiero volver a sentir esa comunión, y también necesito mi corazón, pues necesito volver a sentir, porque a mi alrederor sigue el aire que le regalé, el sol y las corrientes... pero sin corazón es como estar sentado en lo obscuro de una habitación sin muebles y sin ventanas, con el piso frío y el ambiente húmedo.
A veces, en los amaneceres, me parece como si el horizonte dibujara un mapa con las nubes, pero tan pronto el sol ha salido, y se desdibuja. Cada día es diferente, cada día es efímero, y no me queda más que esperar el día siguiente.
Necesito toda mi paciencia, para no osar nadar tan profundo que luego se me acabe el aire en los pulmones y no me dé tiempo de regresar. Sé que entonces pudiera encontrarlo, pero de nada serviría, porque estaría muerto, y mi corazón así no me sirve, porque sólo quiero volver a sentir el aire en la cara, el sol en la piel y las juguetonas caricias de las corrientes del mar.
Quiero prometer hoy, frente al mar, prometer en nombre de su inmensidad, que cuando lo vuelva a ver, no lo perderé de vista. Y que mi corazón no se lo daré, se lo compartiré... y ser para siempre los dos.
Que bien se siente cuando se va reencontrando. El volver a sentir, así nomás, sentir bonito, sin mayores expectativas ni mayores deseos. De verdad que no sé cómo ha pasado, pero es que parece que de tanto pedirlo, llegó, tal cual necesitaba.
Después del post de la mañana, me he andado preguntando qué es lo que realmente me mueve, o me afecta, intentaré responder las preguntas que me vienen a la cabeza:
¿Es el hecho de que no sintió nada? Esto parte de mi supuesto que no me quizo. Todos me dicen lo contrario, pero pienso que el hecho de que se haya ido tan abruptamente, sólo indica que nome quería. El hecho de que no haya respondido las veces que le llamaba pidiéndole que regresara. Es el hecho de cuando lo ví cinco meses después y le pregunté si ya se había ido, me dijo que sí, quien ama no se va. Me duele pensar que no sintió nada tan fuerte.
¿Es que fui yo el que perdió? No exactamente perder, claro, no tomé yo la decisión, y me tocó el lado feo, ese lado que se vive cuando no se es quien toma la decisión. Sí, de alguna forma siento que fui yo el que perdió, y eso me incomoda.
¿El hecho de no haber mantenido mi decisión de terminar cuando lo hice yo? Esto me pesa enormemente, y siento arrepentimiento de haber vuelto. Es que cuando apenas llevabamos cuatro meses, se sintió inseguro, me pidió tiempo, y le dije que no, que quien ama no duda, y no se necesitan tiempos para aclarar nada. Era la mejor decisión, lo sabía desde ese mismo momento... sin embargo lo volví a ver, y cedí... estaba sólo, sin trabajo, sin dinero y sin mucho adentro; así que decidí que me vendría bien no estar solo y tener un poco de cariño entretanto.
¿Qué tan enamorado estaba yo realmente? En el fondo sabía que no estaba enamorado de mí, lo supe desde el principio, pero me gustaba hacerme creer que eran ciertas todas sus putas palabras, tantas miles de pinches palabras con las que me llenó mi celular, mi mail, libros, cartas, tarjetitas... blah! La verdad es que estaba solo, estaba débil y necesitaba de alguien que me procurara y me cuidara. Y estaba él. No puedo negar que sentí cuando estábamos juntos, y hubo muchos momentos en los que realmente me provocó algo que se siente como amor. Pero tampoco puedo negar el estado en el que estaba yo, y los porqués de mi relación en ese momento. ¿Cómo se sabe cuánto se ama?
¿Me pegó en el ego? No. No fue en el ego. Estas cosas invariablemente pegan en el ego un poco, pero no me destrozó el orgullo ni nada. Es que realmente no necesité humillarme para rogarle que volviera, que me ha pasado cuando me pegan en el ego. No, esto no fue cuestión de ego.
¿Es que se me salió de control? Totalmente.Creí que yo controlaba, que yo era el fuerte. Y duro reconocer que nunca tuve el control, porque fui débil desde el principio. Se me salió la cabra del corral. Nunca la pude tener en el corral. Y tiene el control el que dice la última palabra, en este caso no fui yo.
¿Es el hecho que me duele ser nada para alguien? Mucho. Me duele que no me quieran. Me duele profundamente el desprecio, el rechazo. Me duele que me digan con palabras "te quiero" y con acciones lo contrario. Me duele mucho y profundamente ser nada para alguien.
¿Es tan grande como a veces quiero recordarlo? No. Detestaba cuando callaba. Sus "no sé" eran tantas veces insoportables. Tenía tantos miedo e inseguridades como yo. No estaba tan realizado porque ni siquiera trabajaba en algo que le gustara. Me parecía tan triste cuando con tres copas recordaba aquellos años que estuvo en teatro estudiantil, como atrapado en ese recuerdo. Tampoco era tan valiente como enfrentar su vida de frente, porque no lo hacía. No era tan grande como a veces quiero recordarlo. Puedo decir que me parecía hermoso, a pesar de su físico, era todo lo que me gusta. Su nariz grande. Sus cicatrices. Su piel blanca y suave, como me gustaba su piel. Me gustaba cómo reía. Era muy atento. Siempre arreglado, siempre limpio, siempre pulcro. siempre educado. No era tan grande, pero en un momento de mi vida fue todo, así, todo.
Estas son las preguntas que me vienen a la cabeza... ¿tienes otra? Necesito entender.
¿Porqué me sigue moviendo? No tengo idea, bueno, quizá vagamente, pero no me gusta que suceda. Ya será un año oficial... y aún me mueve... es que el hecho que me digan que lo vieron, que no habló sobre mí, que se limitó a decir "hace un año", que no hubo otro comentario... y saber eso, algo mueve, y lo que realmente quisiera es que nada sucediera en mí, borrarlo, eliminarlo, quitarlo, sacarlo, olvidarlo.
No busco volver, no deseo venganza, ya no está el amor, pero algo se mueve adentro. Entre coraje, añoro, odio y cariño. Y me molesto, me molesta este sentimiento, porque realmente quisiera borrarlo, eliminarlo, quitarlo, sacarlo, olvidarlo.
Salí este fin de semana, y me fue bien, primero porque no estuvo, y anduve preocupado como buscandolo entre la gente del antro, hasta que después de un par de horas supe que sería improbable que pudiera llegar... y conocí a alguien más, por esa noche, y deseaba que pasara por ahí y me viera, bien, contento, abrazado. Y salí al día siguiente, y otra vez preocupado, revisando antes de dar más pasos... y no volvió a estar, y me divertí, disfruté, reí y sonreí, y conocí más gente.
Hace un año. Pero ya no tengo tanto miedo como para salir y encontrarlo, sé que habrá de suceder, en un año sólo lo he visto una vez, hablado quizá tres... y quisiera que no existiera en mi vida, que fuera un olvido, me da coraje porque sé que a él le vale completamente, sé que él no tiene miedo de salir y encontrarme, porque nada sintió.
¿Cómo le hago para borrarlo, eliminarlo, quitarlo, sacarlo, olvidarlo?