La necesidad de explicarme para explicarte
Casi personal, casi biográfico, a veces imaginado.
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Es irremplazable. Es alguien cuyo lugar no puede ser ocupado por nadie... eso deja un gran vacío. Después de un amigo, otros llegan; después de un amor, otro más grande viene; después de una aventura, otra más se vive; después de la angustia, muchas más llegan; desupés del sabor del logro y el éxito, otra vez ha de probarse; después de tantas cosas, después de tanta gente, otras más han de llegar; pero después de mi padre, es que no hay después, simplemente no llega otro. Es un lugar, no hablo del espacio en la casa, hablo del lugar en el corazón, no hay forma de volver a llenarlo... es que mi padre es simplemente irremplazable.
Han pasado poco más de dos meses, y reitero, no es el espacio físico ocupaba lo que ahora extraño, son los momentos que sí existían, es el volver a sentir su cariño, es su apoyo, su incondicional apoyo, nuestras diferencias, nuestros desencuentros, pero también esos momentos en los que nos encontramos.
Sí tuvo errores, yo otros más, y así, entre errores y aciertos fuimos escribiendo nuestra historia. Él fue para mí alguien que no fue para mis hermanos, el fue así, mi padre, el mío, el que escribía una historia a mi lado. Lo extraño. Lo extraño mucho en muchos momentos.
Y es irremplazable. Y sí me siento un poquito abandonado. Y sí me arrepiento de muchas cosas. Y me maldigo a veces, cuando los recuerdos me sorprenden, esos recuerdos que quisiera olvidar, porque me hacen maldecirme. Porque sí me equivoqué. Entonces no sabía que había un camino fácil, que sí es posible hacer las cosas diferentes, que es posible no juzgar... entonces no sabía eso, y me equivoqué.
Nunca me di cuenta que era irremplazable, no sabía realmente cómo sería la vida sin él. No puedo creer que apenas lo tuve, si la vida sigue un ciclo normal, apenas lo tuve menos de la mitad de mi vida. Todo eso quizá me falta, y ya sin él. No sabía cómo se sentiría quedarse con algo adentro, por las ganas de contarle, con las ganas de que lo viera.
Es irremplazable, y lo extraño.
Estoy por cancelar mi fiesta de cumpleaños. Anoche lo anuncié a dos amigos cercanos, me preguntaron inmediatamente porqué... ya se los expliqué.
Es que el evento era muy grande, los quería de testigos, los quería arrestar por un fin de semana, para tenerlos sólo para mí, para ser el único que recibiría cariño a caudales, para perderme en sus muestras como me pierdo las noches con alguien que ya no es el futuro. Tengo que sincerarme, quería a mis amigos para recodar el cariño, el amor, para colmarme de sus muestras... y no tener que pensar yo, o hacer yo, por el miedo a no encontrar en mí el cariño que me debe bastar. Es por eso que hoy cancelo todo, porque no quiero engañarme ni distraerme, porque quiero comprobarme que puedo estar solo, y sólo conmigo me abasto, me basto y me colmo.
Y ahora me quiero ir, pero no huyendo ni evadiendo como siempre lo hago. Me quiero ir para estar conmigo, para acompañarme en una pequeña aventura de unos días, para festejarme yo, para quererme yo... para encontrarme con que me puedo querer. Y si al regreso, o antes, todos ellos están, pues adelante, será un buen regalo... pero este año, que son veintitantos, que son diez, quiero pasarlo conmigo, en algún lugar donde pueda caminar largas horas, donde no haya tanta gente, donde pueda pensar, donde sólo me acompañe este corazón y esta mente.
Estoy por cancelar mi fiesta de cumpleaños. Y me siento bien, porque siento que voy encontrando el camino.
El sábado le decía a un amigo, que tengo ganas de enamorarme, que quiero tropezarme con alguien y sentir, así nomás, sentir bonito. Recuerdo cuando ha pasado, las primeras llamadas, la espera, el querer brincar de alegría cuando uno deja el teléfono, la emoción de ver por todos lados de la calle antes de que llegue a la primera cita, a la segunda, a la tercera...
Es que tuve un sueño el otro día, era alguien con quien no debería soñar, porque sé que no ha de ser, pero bueno, en los sueños no hay control, sin embargo fue un sueño particular, porque no soñé sexo, no soñé la pasión que se desbordaba por entre las sábanas para mojar de deseo la alfombra hasta dejarla empapada de satisfacción. No, otras veces he soñado eso, esta vez soñé besos, soñé que abrazados y acurrucados nos besabamos suave y profundamente... de esos besos en los que uno se pierde... de esos besos que uno desea no terminen, de los que no secan los labios, de los que unen a las personas, suaves como la seda, profundos como entrañas del volcán. Besos, besos, besos... perdón, un largo beso... un beso que de tan largo harían falta las páginas de la biblia para escribirlo, uno tan grande, que cuatro letras resultan un insulto, uno tan que de tan tierno solo podría compararse con el beso que da una madre cuando le llevan a los brazos al hijo que recién parióñ
Extraño eso, añoro eso... la ternura... ¡oh la ternura!... Jacques Brel la ha bien descrito y ha encontrado el verdadero valor... la ternura y claro, el amor, otra vez, finalmente... es que tengo ganas de enamorarme, de tropezarme con alguien y sentir, así nomás, sentir bonito.
Por momentos me vienen a la cabeza esos dichos, refranes de la sabiduría popular, que de tanto escucharlos a lo largo de la vida, pierden valor, como cuando repetimos una palabra muchas veces seguidas, deja de tener sentido, como si por fuerza de repetición se sacudiera de su significado.
Para poder querer, hay que quererse primero; el tiempo cura las heridas; la noche trae consejo; etc. y hoy, por haber tenido un día de perros, el que me vino a la cabeza fue: después de la tempestad viene la calma. Y sí, aquí estoy viviendo una calma total después de más de 16 horas en las que dejé de ver salidas, en las que quería correr, en las que no tuve tiempo de detenerme a pensar qué hacer o qué decir... y aquí estoy, tranquilo, descansando, con la cabeza fría, el cuerpo descansando, ya riendo... aquí estoy, suspirando profundo por el placer de sentir el aire llenar mis pulmones, casi como si el aire colmara mi alma de paz.
Es que eso de la sabiduría popular no debería ser tomado como basura o sinsentido, realmente creo cada día más en ella, en es cada una de ellas, las frases, las palabras, que según voy viviendo, voy viendo cuan ciertas y sabias son.
Ya ves, mi tempestad acaba de pasar... ahora la calma... a retomar fuerzas para enfrentar las tormentas que vendrán mañana, porque de algo estoy seguro, por más ganas que tenga siempre de huir, por más desgano que tenga por momentos para enfrentar, por más inseguridad que tenga por no poder contestar... siempre vendrá, la tormenta, con la misma fuerza, con la misma violencia... y luego la calma... qué dicha que esta tormenta la haya podido contabilizar con horas, pero aún sean los años... ya vendrán los años de calma.
Hay veces como este pequeño momento, este que estoy escribiendo, que siento que sí existe esperanza en mí, me leo, me veo pensando las frases, veo mis dedos rapidamente moverse tecla tras tecla y digo "ay cabrón! pareces diferente escribiendo así"... ¿será que lo que alguna vez creí muerto en mí, está volviendo? ¿será que vuelvo a sentir?
En vano intenté no llorar. Fue apenas un momento, cuando me senté, la tele encendida, yo ni atento ni distraído, no hubo algo en particular que me lo recordara, sólo pensé en él y lo extrañé. Sí, mi padre, que hace dos meses se fue. No fuimos los más unidos, no supo todo de mi vida, no nos comprendimos muchas veces... pero a pesar del pasado y la historia que escribimos... a veces lo extraño, lamento tanto que no esté aquí, en vano buscarlo... en vano.
No es la forma como extraño aquéllos que están a más de 2000km de mi casa. No, porque él simplemente no estará más aquí, y siempre sucede algo, que me gustaría compartir... en vano.
No es mínimo ni banal lo que le pasó. No se puede decir que su tragedia es menor a otras, es que no hay tragedia que se pueda comparar, pues todos en nuestros mundos tenemos derecho a nuestras tragedias personales.
Ayer le cuestioné el hecho de sólo sentirse comprendido por aquellos que han vivido algo similar, y ahí anda, buscando esa gente por la cual sí siente la empatía. Se lo cuestioné porque me enojó un poco estar ahí, y ser como invisible, algo como sentirme separado de su vida porque no he vivido la misma experiencia que él, porque yo no he pasado por esa tragedia.
Es difícil considerarse amigo, y no poder hacer nada. Por que parece sólo necesitar no amigos, sino compañeros de tragedia. Me hizo sentir relegado de este proceso difícil.
Y bueno, al final entendí que no puede obligarle a sentir que yo también soy empático, no puedo forzarlo a que sienta en mí la comprensión que siente con otra gente, qué difícil respetar eso de verdad. Pensé en decirle que si bien no he vivido lo mismo, otras cosas me han pasado y sí sé de los sentimientos, de lo que se vive y por eso lo entiendo.
Pero ser amigo quizá es esto, saber respetar la distancia que el otro impone, y que sepa que no importa qué, ahí andaré, merodeando, fiel e incansable para cuando me necesite.
Será que yo no busco compañeros de tragedia para sentirme comprendido, me ha bastado con tener cerca a quienes quiero, y en silencio ir comprendiendome yo, que vivo mis propias tragedias.
Creer en mí mismo. No resulta nada fácil, no ha resultado nada fácil. Tantos errores, tantas malas decisiones, tantos intentos fallidos, tanto apostar para luego todo perder... ¿cómo puede uno después de 10 años creer que aún todo es posible? Para mí es difícil. Después del tiempo que ha pasado y la historia que he escrito no encuentro motivos para creer otra vez más en mí. Me he colmado de miedos que me tienen preso y amarrado y viviendo algo que solo puedo definir como una gran pausa.
Y los últimos meses han sido de soledad, de alejamiento, de pensar, de darme cuenta, de aceptar, de reconciliarme, de lágrimas verdaderas, de dolor profundo, del odio hacia mí, del desconsuelo solitario porque hay cosas que no se pueden hablar tanto duele sólo pensarlas... para hoy tener un gran momento de felicidad que una vez más en mucho tiempo me hace llorar de alegría. Estas lágrimas que me han costado no sólo estos meses, sino los años que llevo a cuestas. Debería guarlas porque no tengo algo hoy día tan valioso como ellas... el resultado de la vida errada... la felicidad que siento cuando algo me dice, que a pesar de todo, puedo creer en mí... y lo mejor, que hubo otra oportunidad para poder lograrlo.
Han sido tiempos muy duros... pero hoy recojo un pequeño fruto que me sabe a banquete.