La necesidad de explicarme para explicarte
Casi personal, casi biográfico, a veces imaginado.
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El silencio empezó a cubrir el ambiente. La calma inició a tomar posesión de los rincones y luego de las grandes plazas. Por momentos el sol salió pintando todo de gris, y la luna iluminando las calles de cien colores. Todos los habitantes se congregaron una noche sin color en las puertas del palacio grande y verdozo como el bronce oxidado. Cubiertos de silencio, poseídos por la calma, pálidos por el gris del día y los ojos negros todos por la noche sin color, empezaron a esperar.
El emperador no ha salido aún, hace mucho que nadie le ve. De adentro del palacio salen los rumores que pronto ha de salir otro emperador, que el pasado ha estado en fuerte agonía... la duda y la paz confluyen cual ríos en los corazones del pueblo que se mantiene en vela, a pesar del gris del sol y del sincolor de la luna.
Sí hay días buenos, mañanas soleadas, noches de frío bien cubierto entre las colchas y olor a incienso en mi recámara con luz tenúe.
Sí hay amigos, gente buena, la familia y algunas sonrisas de extraños.
Sí hay esperanza en la sorpresa de los minutos cuando me detengo, también ganas de volver a amar en el recuerdo de los amores fallidos o traicioneros, a veces noches de ternura que me hacen pensar que en la soledad se puede salvar al amor.
Sí hay palabras que no solo duelen, fuerza para creer que aún todo es posible.
Quizá no hay muchas otras cosas, pero estaba pensando en lo que sí hay, y por eso vale tanto la pena no parar.
Hacía muchos años eran amigos, no de esos que se llaman diario, ni siquiera de esos que se ven una vez al mes. Pero había algo intenso, compartido en esas fechas que ambos odiaban, y juntos huyeron un par de veces, en año nuevo. Lo pasaron bien. Pero así como no necesitaban del encuentro continuo, a uno se le fue un año entero, con apenas unas llamadas. Sabíamos todos que ella estaba enferma, sin cura para su enfermedad. Sabíamos que a él, a veces prefiere las sonrisas, le disgustan las lágrimas.
Pero el pasado 24 de diciembre él algo presintió, ella... murió.
Hoy, ella ya no está aquí. Él, no ha podido llorar, ni siquiera ha podido hablar, él ha evadido todo, quizá porque habría muchas lágrimas de por medio, mismas que prefiere no sacar. Siente que no fue buen amigo, por no haber estado sabiendo que su enfermedad avanzaba y empeoraba. Sé que él está triste, pero no quiere llorar. Lo sé porque él es mi gran amigo, y por que ella era una buena amiga también.
No sé cómo hacer para hacerle saber a él, quien sí está, que es muy bueno siempre sonreír... pero a veces, no tenemos sonrisas que compartir, al contrario, no hay más que lágrimas y lamentos. A veces también se trata del dolor.
Me dijo que se siente mal por no haber estado, y espera que con nosotros, sus amigos, espera siempre estar... no es que lo dude, pero si bien por ella, que ha muerto, no hay nada que hacer, sí podría empezar a llorar, quizá eso ayude.
Yo, bueno, la noticia me entristeció, quizá me hubiera gustado decirle una vez más lo guapa que era... y sonreír todos juntos. Sí tengo menos cosas que decir, y la única que hubiera podido decir, no supe arrebatarle el tiempo a la vida.
In Memoriam, Tere.